• Posted by : Zatsiel P 12 mar. 2014




    Esta sería la última semana en “La Casa de Veraneo Uchiha”, la última semana de esta tortura psicológica, o al menos, eso deseaba desde lo más profundo de mí ser.

    Naruko no me había dirigido palabra alguna desde mi encuentro con el bastardo y, para empeorar, podía darme cuenta por su mirada de que ella no lo aria hasta que yo me disculpara con él.

    ¿Por qué debería disculparme con un traidor?

    Revoleo la almohada fuertemente hacia la puerta para luego apretar mis puños con ira contenida.

    Así es como debería llamarlo, traidor.

    Aunque en mi interior, no parara de preguntarme el porqué lo consideraba de aquella manera.

    Nunca prometimos nada, nunca habíamos llegado a algún acuerdo.

    Entonces ¿Por qué no paraba de sentir que él me había traicionado?

    No me entendía, definitivamente nunca había sentido tanta confusión en mi cabeza.

    Escucho unos golpes provenientes de la puerta, provocando que yo vuelva a la realidad.

    Y tras un “adelante”, ingresan los causantes de mis dudas.

    Naruko entra de la mano con Sasuke, mostrando determinación en sus ojos, mientras que el bastardo, bueno, el simplemente me miraba con aires de victorioso.

    Generándome unas enormes ganas de deformarle la cara a golpes.

    Un tenso silencio se hizo presente en la habitación, yo simplemente los observaba sentado en la cama, esperando una respuesta con mi mirada del por qué estaban ellos aquí.

    Respuesta que, ya sabía, no era necesaria.

    -Naruto, estoy enamorada de Sasuke – fue extremadamente directa, sin vacilaciones, sin saludos, yendo directamente a la raíz del problema – la verdad, es que ya habíamos estado viéndonos a tus espaldas – no pude evitar sentirme engañado por ambos, desvió la mirada hacia el cubrecama, tratando de contener toda la ira que me agobiaba – y decidimos ser novios – lo apreté fuertemente con mis manos tratando de descargar, inútilmente, todos los sentimientos que amenazaban con desbordarse – solo quería que lo sepas – en gran silencio se hace presente en la habitación.

    ¿Solo que lo sepa?

    ¿Mi opinión no importaba en su decisión?

    Yo comienzo a reír levemente.

    ¿Acaso mis pensamientos eran tan poco relevantes?

    Mi pecho no paraba de oprimirse, a tal punto que era difícil respirar.

    Lentamente, mi risa cesa para verla a los ojos, directamente.

    Veo como ella se tensa levemente, por supuesto, yo nunca la había mirado de esta forma.

    -ya veo – desvió la mirada hacia el bastardo - ¿tú no dirás nada? –

    -yo la amo y seré su novio, no necesito tu aprobación dobe – el me miraba divertido, victorioso, provocando que mi pecho agonizara en sus adentros.

    ¿A qué venía tanto dolor?

    ¿Por qué volvía a tener esa horrible sensación de traición?

    Yo sonrió, sin felicidad alguna, era simplemente una sonrisa vacía, cordial.

    Asquerosa.

    -Naruko ¿acaso no dijiste que siempre estaríamos juntos? – ella me iba a responder, pero proseguí - ¿acaso planeas hacerme a un lado? – ella no puede mantener mi mirada, desviándola.

    -Dobe, ella es tu hermana, solo eso, tiene derecho a enamorarse ¿es que tu complejo no puede ver eso? – me mira seriamente, provocando que me tense levemente, nunca lo había visto de esa forma.

    No pude evitar pensar que era increíblemente deseable.

    Me reprendí mentalmente, tanto tiempo sin estar abajo del cuerpo de otra persona me estaba pasando factura.

    -Sasuke, tu no entiendes nada, no te metas – veo un poco de enojo en su mirada altanera, me gritaría, y deseaba que lo hiciera, pero Naruko lo detuvo.

    -Naruto, pienso que ya estas grande, que superaste tu pasado – hizo una ligera pausa – si te sigues aferrando a mí, nunca serás feliz – yo sonrió irónicamente, eso ni ella se lo creía, ambos lo sabíamos, pero al parecer estaba desesperada, y demasiado – yo te quiero mucho Naruto, soy tu hermana, es lógico que te quiera – comenzó a llorar – pero por favor, te lo pido, déjame ser feliz –

    Yo la mire, expectante, esta situación ya había sucedido antes, paso lo mismo cuando éramos niños y ella quería hacer otros amigos que no fuera yo.

    Ella quería separarse nuevamente de mí.

    Otra vez me dejaría solo para irse con él, con ese bastardo.

    El círculo se repetía,  no le importaba lo que me sucediera.

    Ella ya no quería ser mi otra mitad, renunciaba a ser mi contraparte.

    -está bien, entiendo – ella me miraba sorprendida – pero por favor, deja de llorar – 

    Ella me sonrió, nuevamente estaría solo, nuevamente me abandonaría.

    No podía detenerla, después de todo, yo sabía muy bien que esto tarde o temprano sucedería, siempre había sido así.

    Pero yo se que volverías a mí.

    Porque me necesitas, mucho más que a él.

    -eso quiere decir que ¿aceptas que yo salga con Sasuke? – no quería decirlo, no lo diría, por lo tanto únicamente asentí, a lo que ella simplemente contesto con un eufórico gracias corriendo hacia mi cama para abrazarme.

    Me agradeció varias veces, para luego, retirarse.

    Agarro de la mano a Sasuke para que se fueran juntos y, tras una sonrisa la cual se dirigieron ambos, cerraron aquella puerta.

    No sin antes, claro estaba, el bastardo mirarme arrogantemente.

    Yo tenía ganas de gritar, romper lo primero que me encontrara, no me importara lo que fuera.

    Lentamente me levante de la cama dirigiéndome al baño, abrí el agua caliente y, luego de moderarla, deje que toda el agua que caía me mojara.

    No me importaba que la ropa lo hiciera junto conmigo, tampoco el que las lagrimas se mezclaran junto con la misma.

    Solo quería desahogar todo el dolor que sentía en mi pecho en ese momento.

    Me saque la remera junto con los pantalones revoleándolo en algún sector de ese lugar y, fuertemente, comenzó a masturbarme.

    Quería olvidar todo, mi cuerpo me lo pedía a gritos, quería olvidar, olvidar.

    Hasta que solo restos de mi existencia quedaran en aquella perturbada memoria.

    Comenzó a rasgar mi piel con las uñas en dirección a mis pezones, necesitaba más, esto no era suficiente.

    No importa cuánto me tocara, no importa cuánto dolor me provocara, su sonrisa prepotente y victoriosa no se iba de mi mente.

    Veo el frasco de un desodorante a medio usar al lado de la crema para afeitar.

    Estaba desesperado.

    Coloco la crema para afeitar sobre mis mojados dedos, para luego, introducir 3 juntos, los forzaba, dolía un poco, era natural, no había tenido sexo en un buen tiempo provocando que mi entrada se achicara un poco.

    Pero eso podía arreglarse.

    Una vez lubricada en su totalidad, coloque un poco de crema para afeitar alrededor del desodorante colocándolo justo en mi entrada.

    Quería que entrara, lo necesitaba ya, necesitaba tener sexo.

    Pero no podía, no podía.

    Y sin embargo ahí estaba yo, gimiendo como un desesperado mientras trataba de introducirse un desodorante por el ano.

    Era realmente humillante.

    Una corriente eléctrica invade mi cuerpo, el desodorante había entrado en su totalidad y justo en el punto exacto.

    Yo sonreí, conocía demasiado bien a mi cuerpo.

    Comienzo a moverlo lentamente, para luego, aumentar la velocidad.

    Con mi otra mano, seguía raspando mi pecho y miembro con las uñas, logrando que mi piel tomara una coloración rojiza.

    Un gemido tras otro se escapa de mi boca, me sentía sensible al tacto, por alguna razón, esto se sentía extremadamente genial.

    Aumento cada vez más el ritmo, tocando ese punto tan especial que habitaba dentro de mí, necesitaba más, lo anhelaba.

    ¿Qué me aria Sasuke si estuviera domándome?

    No pude evitar hacerme esa pregunta.

    Sin pensarlo, corrí la cortina viéndome directamente en el espejo.

    Esta imagen era demasiado excitante, como también deplorable.

    Mi cara toda sonrojada mientras veo como sangre empieza a brotar de mis heridas auto infligidas, sin contar, mi miembro erecto a más no poder amenazando con correrse y mi mano derecha aumentando las estocadas.

    Desearía sacarme una foto para rememorar esa vista.

    Sin embargo, un espasmo anunciaba mi final, provocando que me corriera.

    Sentía a mi cuerpo débil sumándole como mis piernas temblaban por causa de la excitación recibida momentos atrás.

    El desodorante, al no tener nada que lo retenga, sale de mi interior cayendo a la bañadera.

    Trato de sostenerme con la pared, provocando que estuviera a punto de caerme.

    Vendita sea mi suerte que no fue así.

    Cerré la ducha y, sin siquiera agarrar una toalla, camine nuevamente hacia la cama dejándome caer.

    Sentía como el cubrecama se mojaba a causa del reciente acto, pero no me importo, estaba cansado, necesitaba dormir, quería olvidar, olvidar al bastardo.

    Cerré lentamente los ojos.

    Como desearía poder olvidarlo todo.


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    Mañana seria el día de nuestra partida, mañana todo cambiaria, nueva escuela, nuevos conocidos, nuevos enemigos, nuevas relaciones.

    No pude evitar pensar en Naruko estando de la mano con Sasuke en la ceremonia de apertura.

    Agarre una piedra que tenia a mi lado, revoleándola en dirección al mar.

    El solo recordar aquello me daba ganas de vomitar.

    Escucho unos pasos atrás de mí, provocando que me volteara.

    -Itachi-Nii-san tanto tiempo – le digo sonriendo irónicamente, parecían meses desde la última vez que lo había visto.

    El simplemente sonrió.

    -¿Qué esperabas? Después de todo hace días que estas encerrado en tu habitación – yo desvié la mirada hacia el mar, eso era cierto, desde que Naruko me dio la noticia de “su noviazgo” no había podido salir de ese lugar.

    Ya que yo no quería verlos.

    También esa es la razón por la que este en la playa en este momento, el mismo lugar en el que había hablado con Sasuke hace semanas atrás.

    Al ver que no le respondía, y no tenía ganas de hacerlo, el se sentó a mi lado.

    -¿sabes Naruto? Cuando terminen las vacaciones tendré que irme a Inglaterra – yo lo miraba atónito ¿Inglaterra? ¿Por qué razón se iría tan lejos? – ¿te acuerdas que te dije que por razones de estudio siempre estaba lejos de Sasuke? – Yo asentí – la verdad es que eso jamás ha cambiado – hizo una ligera pausa, para luego, proseguir – quería que lo supieras, para que luego, no te tome por sorpresa –

    -¿Por qué tienes que irte tan lejos? – estaba triste, no podía disimularlo, la única persona la cual me caía bien en esa familia de raros, se iba, me dejaba.

    Justo después de que Naruko quisiera separarse de mí.

    ¿Acaso dios podía ser más injusto?

    -Cuando era chico, yo fui considerado un genio – me asombre – como sabrás, en Japón no permiten que te saltes años – yo asentí levemente – por lo tanto, me mudaron a una escuela pupila en Inglaterra para poder mejorar – el sonrió irónicamente – nunca se esperaron que me adelantaran 3 años en la secundaria – estaba sorprendido, realmente Itachi era un genio – al final, Inglaterra paso a ser mi segundo hogar, por lo tanto, no puedo evitar extrañarlo de vez en cuando, es por eso que debo volver – era entendible, yo también desearía volver a mi antigua casa.

    Pero era diferente, el si podía, yo no.

    Le di una palmada en el hombro, sonriéndole.

    -Si te gusta tanto ese lugar, no te diré nada – lo mire de forma divertida – pero más te vale que me traigas un regalo cuando vuelvas – nos reímos levemente – ¡y no te olvides de responder mis mensajes y llamadas! – el rio feliz, nunca lo había visto de esa forma.

    Me acaricio levemente la cabeza.

    -No lo haré ¡pero más vale que no te metas en problemas! – yo sonreí ofendido.

    -Tratare de no hacerlo – ambos nos reímos, para luego, entrar a la Mansión.

    Realmente extrañaría a Itachi, a pesar del corto tiempo en el que lo conocí, sabía que era una buena persona.

    Como también sabía que se venían tiempos difíciles.

    Al día siguiente, nos volvimos.

    Minato y Fugaku nos prepararon un banquete de bienvenida, se les veía felices, a la odiosa pareja también, Itachi celebraba el que volvia a su hogar.

    Como desearía poder festejar igual de feliz que ellos.

    Desearía tener un amigo, alguien que me necesitara, que siempre estuviera a mi lado.

    Una persona que no me abandonara.


    Para así poder comprender lo que se siente ser necesario para otra persona.



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